lunes, 31 de marzo de 2014

¿Arranca la temporada?

 Parecía que el sol y el calorcillo habían llegado para quedarse pero, eso ha durado solo unos días y, ahora es como si de nuevo hubiéramos vuelto al invierno.


                                           Macho de Podarcis bocagei (Seoane, 1884)

 Aprovechando ese buen tiempo (y con las ganas que tenía de salir al campo) subí varios días a la aldea y, la verdad, la temporada parecía comenzar con fuerza. Lo más interesante, una vez más, en el jardín.
 Se veían ya bastantes dípteros aunque, en principio, todas ellas especies habituales (salvo, quizás, alguna que tengo pendiente de ID).


                                                Scathophaga lutaria (Fabricius, 1794)


                                                        Sylvicola sp. (Harris, 1780)   
 
 Sylvicola es un género bastante difícil y en este caso sería necesario ver la genitalia para estar seguros de la especie (que estaría entre fenestralis, cinctus o zetterstedti).
 También ví alguna araña, como esta del género Xysticus (Koch, 1835) de la que desconozco la especie.


                                                         Xysticus sp. (Koch, 1835)

 Por la noche comenzaban a verse ya unas cuantas mariposas nocturnas, la mayor parte especies conocidas (sobre todo Menophra abruptaria, Ectropis crepuscularia, Gymnoscelis rufifasciata, Agriopis marginaria,...) pero también alguna otra que resultó nueva para mí como Biston strataria (Hufnagel, 1767).


                                                     Biston strataria (Hufnagel, 1767)

 Vamos que, entre el ambientillo de las polillas y que apenas hacía frío, ya apetecía estar fuera al anochecer. Además, los silbidos de las Lechuzas comunes (Scopoli, 1769), que andaban muy activas de aquí para allá, le ponían el sonido a la noche.
 Pero la estrella, para mí, fue sin duda un pseudoescorpión que me encontré el último día. Hacía ya tiempo que tenía muchas ganas de ver alguno, lo que nunca me hubiera imaginado era que el primero me lo iba a encontrar dentro de la cocina de casa y además en foresia.




 
 
 
 
  
 
 Los pseudoescorpiones se encuentran en una gran variedad de hábitats como en la hojarasca del suelo, bajo la corteza de los árboles, en pequeñas grietas,... y el número de especies y subespecies conocidas está constantemente en aumento debido a nuevos descubrimientos. Actualmente en la Península Ibérica esa cifra ha subido a 204, muchas de las cuales son endémicas (sobre todo entre las especies adaptadas a vivir en cuevas). Presentan ciertas semejanzas morfológicas con los escorpiones verdaderos (como el hecho de poseer unos grandes pedipalpos, que también utilizan para cazar) si bien no guardan apenas parentesco (salvo el hecho, claro, de que todos ellos son arácnidos). 
 Este en cuestión se trata de Lamprochernes nodosus (Schrank, 1803), un miembro de la familia Chernetidae (Menge, 1855) una familia muy diversa, con más de 650 especies a nivel mundial. Tengo que dar las gracias públicamente a José García Carrillo que fue quién lo identificó correctamente (yo, de hecho, pensaba que podía tratarse de otra especie).
 He estado mirando por internet y he visto que tiene una distribución geográfica de lo más singular: Europa, norte de África, República Democrática del Congo y Sri Lanka, y, al igual que en alguna otra familia más, los miembros de esta familia practican la foresia, lo que les permite colonizar nuevos territorios.
 Sobre la mosca solo puedo decir que creo que es una Tephrochlamys rufiventris (Meigen, 1830) y que, una y otra vez, con la ayuda de sus patas posteriores, intentaba librarse (sin éxito), de su incómodo "pasajero".


CONTINUARÁ...

martes, 11 de febrero de 2014

Arañas: ¡Menuda tela!

 Las arañas emplean diversos métodos para capturar a sus presas. Uno de los más utilizados debido a su gran eficacia es también el más popular entre los humanos (¿Quién no se ha tropezado con alguna al visitar algún desván o similar?).


                                                 Araneus diadematus (Clerck, 1757)
                
 Consiste en la construcción de una tela a partir de la seda que ellas mismas biosintetizan y secretan a través de unas glándulas (= glándulas sericígenas) dispuestas especificamente para ello y que poseen en la parte posterior del abdomen. En el interior de las glándulas la seda se encuentra en estado líquido y poco antes de su salida al exterior se convierte en un material fibroso e insoluble en agua. Se cree que una brusca caída del pH a lo largo del conducto de excreción de la seda produce cambios sobre las espidroínas (1) que convierten la seda líquida en sólida.


 Agelena cf. labyrinthica (Clerck, 1757)
                                   
 Según la especie, esa telaraña variará en forma, tamaño, ubicación,... pero todas tendrán un mismo objetivo: que las presas, principalmente insectos (2), queden atrapados en ella. Cuando esto ocurre la araña puede sentir el forcejeo de la desafortunada víctima y, guiándose por la vibración y la tensión que se transmiten a través de los hilos de la tela, localizar a la presa. Estas arañas adaptadas a su vida en la tela tienen, por lo general, una visión poco desarrollada. Con la ayuda de sus patas rápidamente la envuelve con más fibras de seda y la inmoviliza. En algunos casos pueden también inyectarle un veneno que, además de paralizarla o matarla, contiene unas enzimas para facilitar su digestión.
     

                                               Araniella cf. cucurbitina (Clerck, 1757)

 La tela permite a la araña atrapar a sus presas sin tener que gastar energía cazándolas. Sin embargo, construir una telaraña supone un gran gasto de energía debido a la gran cantidad de proteínas necesarias para la formación de la seda y, además, con el paso del tiempo la tela se vuelve ineficiente para capturar presas ya que la seda pierde su adhesividad.


                                                 Tegenaria atrica (C. L. Koch, 1843)

¿Por qué las arañas no se quedan atrapadas en sus propias telas?.
 Para empezar hay que decir que existen 2 tipos de seda adhesiva: la viscosa y la cribelada.
 En el primer tipo, aunque a simple vista los hilos que forman la telaraña puedan parecer todos iguales, en realidad no lo son y hay dos clases de hilos: los pegajosos y los no pegajosos. En contraposición a los hilos radiales (que parten del centro y van hacia los extremos) hay otros colocados en forma de espirales y que están provistos de una sustancia pegajosa (unas gotitas compuestas de glicoproteínas). Los hilos que conforman el exterior de la tela tampoco sirven para agarrar a la presa (por lo que también carecen de pegamento) de manera que la araña puede moverse también por esa zona de la tela sin que le ocurra nada.
 En el caso de que no pudiera evitarlo hay un mecanismo que permite a la araña pisar los hilos pegajosos sin quedar atrapada. Se trata de unos pelos en las patas que minimizan la superficie de contacto y que sumado a una sustancia química que recubre las patas (una especie de aceite) reducen la adhesión.
 Sin embargo, no todas las arañas contruyen telas que presentan esta espiral pegajosa (como ocurre con las arañas cribeladas de la familia Uloboridae). En este segundo tipo la adhesividad se debe a una seda formada por múltiples filamentos (3), que la araña "peina" a través de un órgano situado en la pata (el calamistro), y que en contacto con otra superficie se enredan a ella (de manera similar a un velcro, pero a escala microscópica).


                                                   Tetragnatha sp. (Latreille, 1804)

 En algunas especies de arañas tejedoras (de las familias Araneidae, Uloboridae y Tetragnathidae) (4) podemos encontrar en sus telas una singular estructura de seda que recibe el nombre de estabilimento o stabilimentum. Probablemente las arañas más conocidas donde puede observarse esta especie de decoración en la tela (con forma de cinta en zig-zag, foto inferior) sea en las arañas del género Argiope (Audouin, 1826).


                                                  Argiope bruennichi (Scopoli, 1772)

 Desde que este término fuera introducido en 1895 han sido múltiples las hipótesis sobre cuál es su función; desde estabilizar (de ahí el nombre) o ajustar la tensión de la tela, servir de plataforma para la muda, hacer visible la tela, ofrecer protección frente a depredadores, mejorar la termoregulación o contribuir al camuflaje han sido algunas. Aunque varias de ellas ya han sido descartadas existe aún controversia sobre cuál es la función real de estas estructuras. De hecho, es posible que diferentes especies las utilicen para diferentes propósitos o incluso que puedan cumplir varias funciones, según el contexto ecológico.
 Una de las hipótesis más recientes plantea que estas estructuras en la tela pueden contribuir a atraer a las presas al reflejar la radiación ultravioleta, al igual que hacen las flores (es sabido que ese espectro de luz es atractivo para muchas especies de insectos). Sería también compatible con la hipótesis de hacer más visible la tela para evitar colisiones (su destrucción accidental, por ej. por los pájaros, daría lugar a una pérdida sustancial de proteínas).
 Otra hipótesis sostiene que la finalidad del stabilimentum es atraer a los machos de la especie a la tela cuando la hembra está lista para reproducirse. Un estudio realizado en Argiope lobata (Pallas, 1772) puso de manifiesto que existe una correlación positiva entre la presencia de un macho en la tela y la presencia de un stabilimentum.
 Recientemente se ha descubierto que algunas arañas impregnan los hilos de sus telas con una sustancia conductora, lo que convierte la telaraña en una trampa electrostática que, además de contribuir a capturar insectos con mayor eficacia, es capaz de recoger pequeñas partículas del ambiente (como por ejemplo los contaminantes).
 Ciertas arañas australianas del género Nephila (Leach, 1815) incluyen restos de sus presas e incluso materia vegetal en sus telas. Estudios recientes han demostrado que estos productos en descomposición ayudan a la araña a atraer más presas.
 Otras especies impregnan algunos hilos de seda con feromonas para atraer a los machos o también para atraer a sus presas (principalmente polillas).
 Arañas mucho más cercanas a nosotros, las arañas del género Cyclosa (Menge, 1866), construyen el tipo de tela característico de la familia, pero con un estabilimento vertical donde la araña coloca restos digeridos de sus presas y que les sirve de escondite cuando se colocan en el centro de la tela.


                                                   Cyclosa cf. conica (Pallas, 1772)


                                                               Cyclosa en su tela

 Todas las arañas pueden fabricar seda, aunque no todas la utilicen para construir telas. De hecho, pueden fabricar hasta siete tipos diferentes de seda (cada una de ellas con una función distinta), de manera que para formar una telaraña pueden emplear varios tipos de seda.
 Las arañas pueden utilizar la seda, además de para tejer redes de caza o telarañas, para construir sus nidos, para cubrir y proteger los huevos, para transportarse por el aire, como cinturón de seguridad, para envolver un "regalo" antes de la cópula, como sustento alimenticio,... Esta versatilidad es debida a las excepcionales propiedades mecánicas de su seda: alta resistencia, alta elásticidad y una enorme tenacidad (5), lo que la convierte en un material que la industria lleva años intentando reproducir (sin exito, por cierto).
 Aproximadamente la mitad de las 50.000 especies de arañas conocidas construyen telarañas para capturar a sus presas, el resto emplean otras muchas técnicas de caza. Las hay que esperan a sus presas camufladas entre la vegetación, otras las persiguen velozmente o saltan sobre ellas por sorpresa desde una gran distancia,... y algunas pueden incluso pescar bajo el agua. De algunas de ellas quizás hablaremos en alguna otra entrada.


(1) Proteínas que conforman la seda de las arañas.
(2) Por si el nombre no fuera ya lo suficientemente evocador, resulta que, además, Bagheera kiplingi (Peckham & Peckham, 1896) es la única especie de araña vegetariana que se conoce en el mundo.
(3) En realidad se trata de cientos de hilos de un calibre extremadamente pequeño tejidos sobre un hilo central.
(4) Las miembros de estas 3 familias reciben el nombre de arañas tejedoras de orbitelas debido a que tejen una tela en forma de lámina circular.
(5) No confundir una de las propiedades mecánicas de los materiales (tenacidad = energía que puede absorver un material antes de romperse) con tenacidad, sinónimo de perseverancia u obstinación.



viernes, 7 de febrero de 2014

El final de una etapa

 Después de serlo más de 20 años, desde hoy, he dejado de ser socio de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife). En todo ese tiempo he visto actitudes que no me han gustado nada (ni como socio, ni durante la época en que fui coordinador de un grupo local) pero siempre he pensado que lo importante eran las aves (y he aguantado).
 No voy a hacer aquí una lista con todas las cosas que no me han parecido bien a lo largo de todos estos años (no creo que sea el momento ni el lugar adecuados). Solo voy a decir que NUNCA MÁIS volveré a formar parte de una asociación conservacionista que no esté dispuesta ni siquiera a mover un dedo ante un impacto medioambiental, por pequeño que sea.
Cómo suelo decir en estos casos:
 ¡ Qué os vaya bonito !


                           Petirrojo que acabó sus días "estampado" contra una cristalera.




jueves, 26 de diciembre de 2013

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 El anillamiento científico nació en Dinamarca en 1899 y consiste, básicamente, en individualizar cada ave mediante una anilla que lleva grabado un número y una dirección o remite de contacto. Esa anilla sería como una especie de carnét de identidad que, una vez leída de nuevo, sirve para saber, entre otras cosas; dónde, cuando y quién anilló esa ave.
 Esta actividad comenzó a practicarse "simplemente" como un  método para conocer de dónde proceden (y a dónde van) las aves en Europa pero, con el paso del tiempo, se ha convertido en una herramienta muy útil para conocer más sobre múltiples aspectos de su biología (longevidad, fenología, tasas de supervivencia, diferencias entre machos y hembras,...), parámetros que no sería posible conocer con otros métodos de estudio.
 Un ave anillada puede ser posteriormente recuperada de diversas maneras, aunque la forma más frecuente es que sea la propia actividad de anilllamiento, cuando el ave vuelve a ser recapturada por algún anillador.
 En algunos tipos de aves, debido a su mayor tamaño, pueden emplearse además anillas especiales de diversos materiales que permiten su observación a larga distancia.


        Gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus) con anilla de PVC para su lectura a distancia.

 En algunas ocasiones (pocas, la verdad) había observado algún paseriforme anillado pero, debido a su carácter inquieto y al diminuto tamaño (esas anillas están pensadas para su lectura con el ave en mano), nunca había conseguido leer completamente ninguna anilla.
 Hace ya bastante tiempo, el 14/10/2012, pude ver que una de las hembras de Verderón común (Carduelis chloris) que acudían al jardín portaba una anilla metálica en su pata derecha, y gracias a unas cuantas fotografías que le pude hacer logré leerla.


                                 Hembra de Verderón común (Carduelis chloris) anillada.


                                          Fotomontaje donde se puede leer la anilla:
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             MIN. MEDIO AMB.  
             ICONA MADRID SPAIN                                                                   

 Hasta hace un tiempo, aquí, todo lo relacionado con el anillamiento científico (tramitación de recuperaciones, elaboración de historiales, venta de anillas,...) era responsabilidad de la Oficina de Especies Migratorias (OEM) perteneciente al Ministerio de Medio Ambiente pero, después de llevar cerrada bastantes meses por culpa de la crisis (o esa es la excusa que dan), la gestión del anillamiento ha sido cedida ahora a manos de SEO/Birdlife.
 Después de preguntar entre el mundillo de los anilladores (y de haber enviado en su día la recuperación a la OEM) y cuando ya tenía pocas  esperanzas de descubrir la procedencia de esa anilla decidí volver a enviar los datos, en esta ocasión a la SEO, y al cabo de poco tiempo obtuve respuesta.
 Al final, resultó que esa hembra de Verderón había sido anillada en su primer año de vida el 04/08/2012 en Ribas,Teo (A Coruña) por un miembro del ICO (Institut Català d'Ornitologia) y que en 71 días había recorrido una distancia de 25 Km en dirección 161 grados (S).






 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Aves y cristales

 Cuando a finales del 2007 me enteré de que querían construir un tanatorio justo al lado de la casa que tenemos en la aldea, en Cerdedo (Pontevedra), me sentó como una patada en los... Además de que, personalmente, no me parece uno de los "establecimientos" más agradables para tener enfrente de casa (aún sabiendo que, tarde o temprano, todos vamos a acabar en uno de ellos) para construirlo se iban a cargar una parcela con algunos pinos, pero también con bastantes frutales y algunos viejos robles. Meses más tarde, tras ver como todos ellos habían sido talados, pensé que el disgusto más gordo había pasado. Lo que no me imaginaba entonces era que lo que para los humanos iba a ser un tanatorio, para las aves se convertiría en un autentico matadero.


 Tanatorio de Cerdedo (PO). Aunque da a la acera y a la carretera también aparecen algunas aves muertas bajo esta cristalera.

 En España (esa peculiar región al norte de África), no hay estudios sobre este tipo de mortalidad pero, en Estados Unidos calcularon que cada año mueren, en el mundo, tras colisionar contra cristales entre 100 y 1000 millones de aves, y en el Reino Unido, según la British Trust for Ornithology, se producen unos 100 millones de colisiones al año, de las que un tercio serían mortales. Aunque estas cifras son una estima (el de la BTO es un calculo basado en el número de aves anilladas encontradas muertas cerca de ventanas), y para algunos científicos son cifras exageradas, lo cierto es que estamos ante una de las principales causas de mortalidad de origen antrópico. Por ej: Erickson et al. (2005) calcularon que del total de aves muertas por causas antropogénicas, el 58,2% se debía a los choques contra edificios o estructuras similares (tales como chimeneas industriales o monumentos).
 Las colisiones contra cristales se producen o bien debido a la transparencia (las aves no los perciben e intentan volar a través de ellos) o bien debido al reflejo del paisaje (la vegetación, el cielo,...) sobre la superficie acristalada.


 Cristalera posterior. Por si a alguien le parece grande, decir que no es debido al efecto fotográfico. Solo la superficie ocupada por cristal de la parte posterior mide más de 20 metros de largo (22,355 m. para ser exactos) por 2,87 m. de alto. La de la parte delantera (que no he medido) no debe andarle muy lejos.


Efecto túnel: fotografía tomada a través de las dos cristaleras. Vista del monte do Seixo-Serra do Cando (con su correspondiente parque eólico).
   
 Para prevenir este y otros problemas lo ideal sería diseñar de manera inteligente los edificios (por ej: ventanas ligeramente inclinadas reflejarán el suelo y no el paisaje y la vista desde dentro será la misma) pero, claro, pedirle al ser humano que se comporte de manera inteligente sería mucho pedir.
 Una vez que el edificio ya está construido hay algunas medidas correctoras para tratar de paliar este problema, medidas que consisten, básicamente, en marcar el cristal por la parte exterior para tratar de hacerlo visible para las aves. Una de las más efectivas parece ser la colocación de bandas verticales, de color blanco o claro, de al menos 2 cm. de ancho y separadas entre si 10 cm. (o de 1 cm. de ancho separadas no más de 5 cm.) sobre toda la superficie del cristal. La colocación de persianas (cortinas, estores, etc), adhesivos que reflejen la luz ultravioleta, pinturas especiales,... que cubran gran parte del cristal pueden ser también medidas eficaces. Las típicas pegatinas con siluetas de aves rapaces de color negro no son muy recomendables (difíciles de ver y poco efectivas).


 Adhesivo transparente que refleja la luz ultravioleta (muy visible para las aves pero que pasa casi desapercibido para las personas).

 Desde que el tanatorio fue construido no sabría decir el número de aves que desde entonces han muerto allí de esta manera tan absurda, sin que hasta el momento nadie haya tomado ninguna medida para tratar de remediarlo. Cualquier cifra que diera sería una infraestima del número real y para poder hacerlo habría que hacer antes un seguimiento constante y riguroso, cosa que por diversos motivos no he hecho. El principal es el de no vivir allí permanentemente. Suelo visitar la aldea siempre que puedo (cuando las circunstancias me lo permiten y el tiempo atmosférico acompaña) pero hay temporadas, como la mayor parte del año pasado, que apenas estuve allí y también ha habido ocasiones que aún estandolo, no he tenido ganas de ir a ver si había algún ave muerta por esta causa (ojos que no ven...). Además, también he comprobado como no es raro que los cadáveres (en especial los que aparecen al pie de la cristalera posterior) desaparezcan al poco tiempo de encontrarlos (incluso durante esa misma noche), o bien que de ellos solo queden restos (alguna pluma y poco más) que indican que han sido consumidos por algún animal (en algunos casos probablemente por Jabalí) con lo que muchos no se detectan.


Petirrojo encontrado muerto el 29/06/2013.

El Petirrojo anterior la mañana del 30/06/2013.

 También he visto como en una ocasión un Carbonero garrapinos (Periparus ater) chocaba contra el cristal y tras unos minutos (en los que parecía que iba a morir) se recuperaba aparentemente y se iba volando, eso si, aún algo aturdido. Me pregunto cuantas aves chocaran contra los cristales pero no morirán al instante, sino que lo harán más tarde (ya en otro lugar) a causa de alguna lesión interna provocada por la colisión.
 Como ya he dicho no voy a decir una cifra (porque no la tengo) pero sí quiero denunciar lo que está ocurriendo, y aunque resulte bastante desagradable voy a terminar esta entrada mostrando algunas fotografías. No están todas ya que hasta mediados del 2011 no comencé a hacer foto (además de tomar nota) tras cada hallazgo, por lo que faltan varias especies. Entre ellas el Mirlo común (Turdus merula) que, aunque es una de las especies que más frecuentemente ha aparecido muerta, no tengo ninguna foto (en un par de ocasiones por dejadez mía). Evidentemente de algunas especies he encontrado más de un ejemplar muerto pero, creo que con una foto es más que suficiente para hacerse una idea de la cruda realidad.

 
Acentor común (Prunella modularis)

                                            Agateador común (Certhia brachydactyla)

                                               Curruca capirotada (Sylvia atricapilla)

 Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)


Gavilán (Accipiter nisus). Uno de los 2 ejs. que he encontrado.

Escribano montesino (Emberiza cia)

Motacillidae. Probablemente Lavandera blanca (Motacilla alba)

Pinzón común (Fringilla coelebs)

Petirrojo (Erithacus rubecula)

Trepador azul (Sitta europaea) ?

Verdecillo (Serinus serinus)

Verderón común (Chloris chloris)

martes, 10 de septiembre de 2013

Oxyporus rufus

 Tengo que reconocer que cuando salgo al campo a hacer fotos suelo ser un poco "clasista". Por lo general, suelo centrarme en aquellos bichos que pienso que pueden llegar a ser identificados a nivel especifico. Es por ello que algunas familias de arañas (por ej. los licósidos), algunas de dípteros (por ej. asílidos), las hormigas en general,... suelen salir poco en mis fotos (como mucho una foto testimonial y listo).
 Los estafilínidos son uno de esos grupos a los que nunca les he prestado demasiada atención, o al menos no la atención que se merecen. Creo recordar que, dentro de los coleópteros, son la primera familia en cuanto a diversidad en número de especies (alrededor de 50.000), y menos un par de ellas que conozco, la mayor parte me parecen todos iguales. Su gran diversidad hace que, salvo en los medios acuáticos, podamos encontrarlos en multitud de ambientes: desde la hojarasca de un bosque a los nidos o madrigueras de otros animales, pasando por flores, fruta o cadáveres en descomposición, cuevas, etc. En cuanto a sus habitos alimenticios la mayor parte son especies depredadoras pero también las hay saprófagas, fitófagas,... y micófagas (como la subfamilia Oxyporinae).


                              Oxyporus rufus fotografiado el 02/06/2013 en Cerdedo (PO)

 Hace ya un tiempo, en el camino que discurre justo por detrás del jardín, observé uno que me llamó particularmente la atención (ya que no sabía de que especie se trataba pero, curiosamente, me resultaba familiar) y aunque no paró en ningún momento de moverse entre la vegetación pude sacarle una foto aceptable antes de que desapareciera de nuevo volando.
 Después de darle algunas vueltas en la cabeza recordé una nota publicada en la web de AEGA. Tras consultar esa nota, y otra publicada con posterioridad, identifiqué esa especie como Oxyporus rufus (Linnaeus, 1758), y una vez consultados varios expertos en la materia esa identificación pudo ser confirmada.
 Al final resultó ser una especie bastante interesante y, cómo se puede ver en el siguiente mapa, poco citada aún en la Península Ibérica.


                                  Distribución de Oxyporus rufus en la Península Ibérica.



 Referencias:

Álvarez Vieitez, L. 2013. Primera cita de Oxyporus rufus Linnaeus, 1758 (Coleoptera: Staphylinidae: Oxyporinae) para Galicia (N.O. Península Ibérica). Arquivos Entomolóxicos 9: 21-22. Disponible en: http://www.aegaweb.com/arquivos_entomoloxicos/ae09_2013_alvarez_vieitez_oxyporus_rufus_staphylinidae_galicia.pdf

 Diéguez Fernández, J.M. 2010. Oxyporus rufus rufus (Linnaeus, 1758) nuevo para la fauna ibérica (Coleoptera: Staphylinidae: Oxyporinae). Arquivos Entomolóxicos 4: 5-6. Disponible en: http://www.aegaweb.com/arquivos_entomoloxicos/ae04_2010_dieguez_oxyporus_nuevo_pen_iberica.pdf

Ferreira, R.N. 2012. Oxyporus (s.str.) rufus (Linnaeus, 1758), uma nova espécie para Portugal (Coleoptera: Staphylinidae: Oxyporinae). Arquivos Entomolóxicos 7: 111-112. Disponible en: http://www.aegaweb.com/arquivos_entomoloxicos/ae07_2012_ferreira_oxyporus_rufus_portugal.pdf

  
 
 
 

jueves, 11 de julio de 2013

Un par de buitres, una mosca algo despistada y un "pájaro" muy cuco

 Ya sé que el título de esta entrada suena a un capítulo de la serie La que se avecina pero resume tan bien lo observado durante la mañana del 08/07/2013 por la zona del Monte do Seixo- Serra do Cando (PO) que no he podido resistirme.
 La jornada comenzó muy bien, con un ejemplar de Buitre leonado (Gyps fulvus) posado en la copa de un pino y que, dada la tempranera hora, probablemente habrá pasado por aquí la noche.   


                                       Gyps fulvus sobre la copa de un Pinus sylvestris

 Después de dejar al buitre me fui a la zona donde todos los veranos hay establecida una pareja de Collalbas grises (Oenanthe oenanthe) y allí estaba el macho, en uno de sus posaderos favoritos. Supongo que la hembra (observada en una anterior visita) no andaría muy lejos. Es posible que este año no sea la única pareja que críe por la zona ya que no hace mucho pude observar otro macho en otra parte de la sierra, aunque el hábitat no parecía del todo el óptimo.
 Una vez comprobado que las collalbas "estaban en su sitio" me puse a buscar bichos, pero de los de 6 y 8 patas, que es a lo que ultimamente me dedico en las salidas que hago al campo. Lo más interesante fue encontrarme (bueno, más bien me encontró él a mí) un díptero que todavía no había visto nunca. Se trata de un miembro de la familia Acroceridae, del género Ogcodes (Latreille, 1796). Pienso que se trata de Ogcodes zonatus (Erichson, 1840) pero habrá que buscar la opinión de algún experto para poder confirmarlo.


                            Ogcodes cf. zonatus que apareció posado sobre mi camiseta

 En esas estaba, concentrado mirando para el suelo, cuando de repente de unas rocas de más abajo salió volando un Buitre leonado. Me fui para casa pensando que se trataba del mismo individuo que habría cambiado de sitio pero, ahora (viendo las penosas fotos que le pude sacar) estoy plenamente seguro de que se trataba de otro ejemplar diferente.
 Mientras le sacaba las fotos al buitre pasó volando el único Aguilucho que pude observar. Lo más probable es que se tratara de un A. cenizo (Circus pygargus) pero cómo ni volvió a aparecer, ni lo pude ver nada bien, se va a tener que quedar en Circus sp.
 Viendo que el calor empezaba a apretar (y eran poco más de las 10 de la mañana) decidí buscar lo que me pide el cuerpo en estos casos: la sombra (y si es con agua, mejor). Allí, la cosa no estaba demasiado animada para lo que suele ser habitual. Varias especies de páridos, un Piquituerto (Loxia curvirostra), algún odonato y poco más. Llevaba ya un rato escuchando lo que parecía ser un pollo de algún paseriforme reclamando alimento cuando decidí investigar. Pronto descubrí al responsable.


                                                Volantón de Cuco (Cuculus canorus)

  Desde la copa de un pino un volantón (ya algo crecidito) de Cuco (Cuculus canorus) pedía insistentemente comida. En principio pensé que tal vez un adulto de Bisbita arbóreo (Anthus trivialis), que andaba por allí cerca, sería la víctima del engaño pero, al ver que este, a su vez, estaba acompañado de dos jóvenes de su misma especie descarté esa posibilidad. No tardé mucho en descubrir que los desafortunados "padres" de la criatura eran una pareja de Acentores comunes (Prunella modularis) que estaban literalmente desbordados ante el lastimoso reclamo del joven impostor.


                            Acentor común (Prunella modularis) cebando a un joven cuco

 Con esta observación y en vista de que el calor empezaba a ser insoportable decidí volver para casa. En el jardín se está mucho más fresquito y también se ven cosas interesantes.



UPDATE

 Confirmado por Jorge Mota Almeida, en Diptera.info, que se trata de Ogcodes zonatus:
 http://www.diptera.info/forum/viewthread.php?thread_id=57033&pid=243115#post_243115